Afrontar la situación actual con optimismo

Seniors: encuentros en la tercera fase. Una mirada interior. (2/5) – ¿Cómo afrontar la situación actual?

En la primera parte de este artículo, finalizábamos preguntándonos cómo podemos afrontar la situación actual. Porque estamos viviendo uno de esos periodos de la vida impredecibles o incontrolables que generan estrés.

No es la presión del tiempo, como a veces se entiende, si no una tensión psicológica, con sus correlatos fisiológicos, que surge ante circunstancias que nos hacen anticipar efectos adversos. El estrés tiene un impacto negativo cuando es muy intenso o se mantiene por periodos prolongados y afecta la longevidad (salmones del Pacífico que mueren después de desovar).

Se consigue reducir el nivel de estrés disminuyendo lo incierto de la situación creada. Con una actitud pro-activa podemos recuperar cierto control sobre lo que nos sucede e incrementar la sensación de seguridad. Para ello es crucial reordenar la jerarquía de nuestras metas y adecuarla a las circunstancias actuales. Así podremos concebir diferentes pautas para actuar y nuevas estrategias para resolver los problemas a los que nos enfrentamos. Otras formas prácticas de reducir el estrés son: el ejercicio, la meditación, escuchar música, la inmersión en la naturaleza, hablar con amigos y tener apoyo social.

Informarse y seguir las medidas de prevención recomendadas por los expertos también aumentará la sensación de control y aportará energía. En esto los mayores tenemos ventajas ya que se ha comprobado repetidamente que disponemos de más autocontrol y disciplina y que tendemos a seguir las reglas más fielmente que los adultos jóvenes.

Aunque existe una tendencia, según envejecemos, a resistirse a los cambios, porque requiere exponerse a lo desconocido y correr riesgos, todos seguimos evolucionando hasta el final. El cerebro humano se caracteriza por su plasticidad y siempre mantiene cierta capacidad para adaptarse a situaciones novedosas y complejas.

El impacto emocional de todos estos cambios en nuestro entorno puede ser sentido y reconocido o ignorado, como si nada importante hubiese ocurrido o nada hubiese cambiado. Con estos mecanismos defensivos se intenta controlar los efectos provocados por unas circunstancias que escapan a nuestro control. Pero su uso obstaculiza la capacidad de recuperarse creativamente después de una situación complicada, como la que estamos viviendo, merma lo que entendemos por resiliencia (“la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”).

¿Cómo podemos fomentar esta capacidad, la resiliencia?

(Ver continuación)

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